Compartimos un post escrito por Universia en 2008, que sucitó el interés del público en general.
- Con nosotros, el licenciado Pablo González
- Agradezco la presentación, pero tengo que aclarar que no soy licenciado, todavía me falta la tesis para recibirme de sociólogo
Esta aclaración la escuché de un conferenciante en un seminario al que acudí la semana pasada. A simple vista fue un hecho común: esclarecer un dato erróneo. Pero no todas las personas proceden del mismo modo, ni tienen el mismo prurito de ostentar un título que no les corresponde y que quizá nunca obtendrán.
Los títulos que ofrecen las universidades certifican conocimientos y capacidades que permiten a una persona desarrollarse profesionalmente. Legitimación que le confiere la confianza necesaria para que las personas acudan y crean en sus aptitudes. Pero, ¿qué pasa cuando una persona ejerce una profesión sin haber cursado la carrera?
En Uruguay generó una gran indignación el caso de un joven que ejerció como doctor en distintas policlínicas públicas sin haber cursado la carrera de medicina. Increíblemente- o lamentablemente-, el falso médico llegó a supervisar una policlínica donde se atendían más de 200 personas y a firmar recetas a pacientes. Entre sus andanzas, se hizo pasar como integrante de “Médicos sin fronteras”, y consiguió documentación de la ONU, a través de la cual logró tramitar el traslado en avión a un paciente del CTI.
En 2007, Argentina padeció un fenómeno similar, aunque sus consecuencias no fueron las mismas. Una epidemia de profesionales truchos invadió la vecina orilla, casos que salieron a luz por tratarse de figuras clave del ámbito político. Jorge Telerman, ex jefe de Gobierno de Buenos Aires (Bs. As) , Juan Carlos Blumberg, empresario y candidato a gobernador de Bs. As y Pablo Tschirsch, vicegobernador de Misiones, prefirieron hacer “oídos sordos” y no aclarar cada vez que un medio de comunicación les adjudicaba un título que nos les correspondía, o, peor aún, firmar documentos invocando títulos inexistentes.
Un año antes, la embajada argentina había abierto un Registro de Españoles Afectados por títulos académicos “truchos”, emitidos por algunos centros educativos argentinos con la colaboración de instituciones españolas. A esta catarata de falsificaciones, se suma la denuncia del programa Caiga Quien Caiga, que evidenció el caso de una profesora que vendía ilegalmente títulos a nivel del ciclo secundario.
Descartando el caso de las pseudo instituciones, el médico falso y la profesora que vendía títulos –ya que aquí estaríamos hablando de casos delictivos - lo que más preocupa es la irresponsabilidad con la cual determinadas personas a consciencia aducen contar con un título que no les corresponden o directamente no se impacientan en aclararlo. Más, cuando en algunos casos su “no saber” puede provocar consecuencias graves.
05 de Noviembre de 2009 - 14:07
Soy estudiante de la Licenciatura en Psicología en Uruguay y este tipo de cosas me indignan y me preocupan, honestamente. Saludos
05 de Noviembre de 2009 - 14:32
Sí, Andrea, efectivamente. Es algo que da muchísimo fastidio. No solamente por quienes intentamos formarnos porque creemos que es la forma de brindar un servicio mejor y desempeñarnos con la mayor idoneidad posible, sino por quienes están del otro lado, quienes acceden al servicio del supuesto profesional y ponen su confianza en que el les brindará lo que están necesitando.
En la medida en que nos de fastidio, que no lo justifiquemos como “viveza criolla” y sigamos apostando a la formación como herramienta, personalmente creo que ponemos nuestro granito de arena.
Saludos.