¿Vagos o precavidos?

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En mi trabajo hay una sala con pufs. De esos que uno ve y siente un impulso irrefrenable de tirarse arriba y dejar que el cuerpo se acomode para dormir una siestita. Pero siestita y trabajo no van de la mano. ¿O sí?

Contra lo que me imaginaba, cada vez son más los países que permiten que sus empleados se tomen una pausa después del almuerzo, lo cual, parecería, aumenta la concentración, el rendimiento y la creatividad.

Por esto, la novedad en las empresas multinacionales son los “nap lounguesâ€, salas diseñadas con cómodos sillones y luz tenue para que los trabajadores se tomen su siestita.

Esta pausa es una costumbre típica de Latinoamérica y España. De hecho el término “siesta†deriva de la expresión latina “hora sextaâ€, que designa el tiempo utilizado entre las 12 y las 15 para descansar y reponer fuerzas.

Pero no solo es un hábito, también es una necesidad biológica. Cuando nuestro organismo está haciendo la digestión, el cerebro recibe menos sangre que la habitual porque la irrigación está concentrada en nuestro sistema digestivo.

Según un artículo publicado en el sitio trabajando.com, la siesta favorece un tipo de sueño profundo durante el que se segregan hormonas que renuevan los tejidos y fortalecen el sistema inmune. Estas sutancias eliminan los productos secundarios del metabolismo muscular y preparan al cuerpo para un nuevo período de vigilia.

Uno de los temas en cuestión es la duración de la pausa. Según los especialistas, unos 30 minutos son suficientes.

La tendencia superó Latinoamérica y llegó a Estados Unidos y a las grandes empresas japonesas. ¿Vagos o precavidos?

Leticia Costa

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